6.5. Las lecciones del Espíritu santo (y 3)


6.5. Las lecciones del Espíritu SantoMantente alerta sólo en favor de Dios y de su reino

El Espíritu separa lo verdadero de lo falso en tu mente, conserva lo que está de acuerdo con la luz de Dios, acepta y purifica lo que está parcialmente de acuerdo, y rechaza lo que está en completo desacuerdo. Pero lo que el Espíritu rechaza, el ego lo acepta. Las creencias del ego sobre lo que tú eres varían considerablemente, y ésta es la razón de que suscite diferentes estados de ánimo. El Espíritu nunca varía en este punto, de manera que el único estado de ánimo que genera es la felicidad. Protege dicho estado rechazando todo lo que no lo fomenta.

El Espíritu no te enseña a juzgar a otros, porque no quiere que enseñes nada que sea erróneo. Es enjuiciador, pero sólo a fin de unificar la mente de modo que pueda percibir sin emitir juicios. Esto le permite a la mente enseñar sin emitir juicios y aprender a estar libre de ellos. Por lo tanto, la tercera lección del Espíritu reza así:

Mantente alerta sólo en favor de Dios y de su reino.

Éste es uno de los pasos más importantes para que se produzca un cambio fundamental, aunque implica que hay algo contra lo que debes mantenerte alerta. Este paso subraya la dicotomía que existe entre lo deseable y lo indeseable. Por lo tanto, hace que la elección final sea inevitable.

El tercer paso requiere un constante estado de alerta contra el conflicto. Nunca se deben hacer excepciones, aunque la tentación de hacerlas se presentará. Mientras tengas que estar alerta contra algo, seguirás creyendo que puedes elegir la consistencia o el caos. En realidad, sólo hay una elección posible, con lo que no tienes que elegir en absoluto. Esto finalmente liberará a tu mente de tener que elegir, y la encaminará hacia la creación de acuerdo con la Divinidad

Elegir a través del Espíritu te conducirá al Paraíso. Creas mediante tu verdadero ser, pero tienes que aprender a recordar lo que eres. Si permites que en tu mente haya tan sólo lo que Dios puso en enlla, la estarás reconociendo como Dios la creó y la estarás aceptando tal como es. Puesto que tu mente es íntegra, estarás enseñando paz porque creerás en ella.

Aprendes primero que tener se basa en dar, y no en obtener. Luego aprendes que aprendes lo que enseñas, y que quieres aprender a estar en paz. El tercer paso es un paso de protección para tu mente, pues te permite identificarte sólo con el centro, con las creencias que están más allá de toda duda, lo cual te prepara para llegar a estar libre de dudas.

Enseñar a toda la Filiación sin hacer excepciones demuestra que percibes su plenitud y que has aprendido que es una. Si dejas que te asalte la duda, perderás la conciencia de su plenitud y serás incapaz de enseñarla. No podrás experimentar una auténtica sensación de que existes mientras sigas teniendo dudas con respecto a lo que eres. Mantente alerta.  No permitas que entre en tu mente ninguna duda acerca de tu existencia, o no podrás saber con certeza lo que eres. La certeza es el regalo que Dios te hace. La verdad no requiere vigilancia, pero las ilusiones sí.

Al concebir un mundo ajeno a Dios, excluiste parte de tu mente del Paraíso. Lo que inventaste ha aprisionado tu voluntad, y ha hecho enfermar a tu mente, que ahora tiene que ser sanada. Mantenerse alerta contra esta enfermedad es la manera de sanarla. Una vez que tu mente haya sanado, irradiará salud, y enseñará lo que es la curación.

El tercer paso es una afirmación de lo que quieres creer, y requiere que estés dispuesto a abandonar todo lo demás. La vigilancia requiere esfuerzo, pero sólo hasta que aprendas que el esfuerzo en sí es innecesario. Has realizado enormes esfuerzos por conservar lo que inventaste porque no es verdad. Por lo tanto, ahora tienes que canalizar todos tus esfuerzos contra ello. Sólo esto puede eliminar la necesidad de tener que esforzarte, e invocar al ser que tienes y que eres.